martes, 7 de diciembre de 2010

Carta a una nieta

No todos tienen suerte, no todas las historias de amor son felices o agradables. Muchas son como tenues luces que se mantienen encendidas por siempre; existen algunas, que nos llena de amargura y nos hace desdichadas; y otras, son como estrellas fugaces que pasan muy rápido y que casi no la disfrutamos, pero que el recuerdo de su paso perdura toda la eternidad.
Yo tuve mi estrella fugaz, aún lo recuerdo. Sus brillantes y sinceros ojos, su amplia sonrisa que parecía a la que todas las noches la luna me regalaba, sus tremendas ganas de soñar y ser feliz.

Cierro los ojos y puedo verlo; casi puedo olerlo, casi puedo sentirlo. A pesar de un recuerdo efímero, me puedo ver entre sus brazos, ser amada y creer que nuestro amor podría contra cualquier fuerza que quisiera separarnos.

Lo conocí un día de mayo, en la época en la que “paz y amor” resolvía los conflictos, existía un gran respeto por los adultos y las cosas en la televisión comenzaban a verse a color. Los jóvenes iban siempre despreocupados, con grandes peinados y ropa colorida. Los Rolling Stones, los Beatles, Elvis Presley y Michael Jackson era lo que se escuchaba en cada esquina de la ciudad.

Era un día de esos en los que andas despreocupada, mirando si mirar, sólo caminaba distraída por un parque cualquiera. De repente un idiota con pantalones pegados, camisa abierta a la mitad y peinado al estilo del rey del rock and roll; me dijo que él era el amor de mi vida, el que, según él, con tanta desesperación buscaba. En seguida, volví la mirada sin siquiera imaginar que mi vida iba a cambiar por completo.

Alegue que no buscaba a ningún patético zombie de Triller y que, si me disculpaba, iba a continuar mi camino. Así fue… sólo que desde ese momento, tenía compañía.
Al cabo de un rato comenzamos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida, como si realmente, él fuese lo que había estado esperando y lo que buscaba detrás de cada mirada perdida.

Sus ojos eran más radiantes que el sol, más bellos que cualquier diamante del mundo; sentía como se abrían y me mostraban su hermosa alma, sus pensamientos, su vida, sus sueños, su locura. Me transportaba a un mundo perfecto donde no había gente mala, nadie que dañara tus ilusiones y pisoteara tus sentimientos; la primavera reinaba y la felicidad irradiaba por doquier.
¿Cómo no enamorarme de él? ¿Cómo negarse a semejante paraíso?

En el invierno del 72, a sólo unos meses de haberlo conocido, un accidente le quitó la vida. Luego de cinco años me casé con tu abuelo. Sin embargo, jamás volví a sentir algo parecido. Las relaciones deben ser fuertes y estar cargadas de pura pasión porque nunca sabemos cuándo puede terminar.

Debes decir todo lo que sientes. Amar más de lo que puedas.

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